Piter Pardo o el showman multiusos

Piter Pardo o el showman multiusos

Si tengo que  ser sincero durante toda mi vida siempre he acudido a espectáculos arrastrado por la figura o carisma del protagonista, equivocándome así quizá, en darle alguna oportunidad a los artistas desconocidos (o semi), esos en los que en muchos casos reside el verdadero arte. Pero el otro día acudí al Urban Café en Valencia, al espectáculo de un tal Mago Piter, al que un amigo mío ya conocía. Y he de reconocer que la experiencia fue bastante gratificante. Piter, como se hace llamar, ya desde el principio demostró que dominaba una de las principales características que alguien que se sube al escenario debe tener, la capacidad de conectar con el público y de interactuar con él. Aunque, también es verdad, que su gracioso acento marcado le ayudaba bastante a ello.

Desde el minuto uno consiguió esa simbiosis, que es lo que te puede llegar a salvar el número, también subió a gente asistente para que le ayudará en alguno de sus trucos, mientras intercambiaba palabras graciosas y llenas de ironía con ellas, algo que siempre gusta ver siempre y cuando no eres tú mismo el protagonista.

Se hace llamar Mago Piter porque magia quizá sea lo que más haga, pero no todo se queda ahí, ya que junto al hecho de hacer aparecer y desaparecer algún que otro objeto o carta, va dejando en el camino imitaciones, números de ventriloquia y chistes. Algunos de ellos conocidísimos pero que tienen la virtud del que lo cuenta. Sin llegar a un grandísimo nivel sí consiguió aprobar en todos los apartados, dejando al público entre asombrado y desternillado.

Es de agradecer que en un mismo acto y en tan solo algo más de una hora se aúnen tantos aspectos sin dejar lugar al aburrimiento. Se trata por lo tanto de un artista bastante completo y recomendable.


Por Juan Carlos Romero (@jcarlosrom)
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Quique Macías: “En mis monólogos hablo de lo que me ocurre y de lo que opino”

Quique Macías: “En mis monólogos hablo de lo que me ocurre y de lo que opino”

Quique Macías / Fuente: http://www.quiquemacias.com

Quique Macías  se dedica profesionalmente al mundo de la comedia desde hace 10 años. Desde entonces, ha colaborado en numerosos programas de radio y televisión. Se licenció en Psicología pero siempre tuvo clara cuál era su vocación, subirse a los escenarios para hacer reír al público. Forma parte de ese selecto grupo de cómicos del canal de televisión Paramount Comedy. Actualmente, compagina sus actuaciones con la dirección de la Escuela Superior de Comedia, fundada por él mismo y por el también cómico, Miguel Lago. Hablamos con él tras su actuación en Valencia del pasado sábado para conocer, de primera mano, los entresijos del mundo de la comedia y la faceta más desconocida del cómico vallisoletano.

Momento de una de las actuaciones de la gira “10 cómicos 10” de Paramount Comedy / Fuente: http://www.quiquemacias.com

P. Estudiaste Psicología pero terminaste haciendo comedia ¿Cuándo y cómo decidiste dar ese cambio a tu carrera profesional?

R. Soy bastante curioso  y, por eso, creo que me encanta la psicología. De hecho, todavía leo bastante al respecto aunque, siempre supe que no era mi vocación ni, sobre todo,  lo que mejor se me daba en  la vida. Siempre tuve claro que quería escribir. La comedia llegó cuando hubo que defender esos textos que generaba encima de un escenario y lo más cómodo era hacerlo yo mismo. La ley del mínimo esfuerzo ha sido mi máxima. Pese a dedicarle muchísimas horas tengo muy pocas veces la sensación de estar trabajando…

P. ¿Cómo fue tu primera vez encima de un escenario?

R. La primera vez fue en mi colegio con trece años representando La Flauta Mágica, yo hacía de Sarastro que, como todo el mundo sabe, es el que parte el bacalao.

P. El público valenciano es…

R. Uno de los mejores junto con el del País Vasco y el de Castilla y León.

P. ¿Dónde encuentras la inspiración para escribir tus monólogos?

Como cómico hay un momento en tu carrera en la que tienes que tomar una decisión: o haces humor de laboratorio o hablas de tus experiencias. En mi caso únicamente hablo de lo que me ocurre y, por supuesto, de lo que opino.

P. En 2007 fundas, junto con Miguel Lago, la Escuela de Comedia, ¿Cómo surge este proyecto?

R. Miguel y yo estuvimos mucho tiempo leyendo libros americanos sobre técnica de comedia que nos permitieron mejorar mucho en el escenario. Hubo un momento en que todo ese conocimiento y nuestra experiencia profesional cristalizó en un proyecto empresarial que es la EOC (Escuela Superior de Comedia). La filosofía del proyecto fue dar la formación que a nosotros nos hubiera gustado recibir cuando empezamos en este oficio.

Ahora, por cierto, soy el director y tengo pensado dejarme una perilla finita de esas que dan tanta grima.

P. ¿Qué consejo le darías a todos aquellos que quieren hacer del humor su forma de vida?

R. Que tengan en cuenta que es en un mercado muy competitivo. Hay que formarse, dedicarle mucho tiempo de manera constante y ser un apasionado.

P. Con el chaparrón de malas noticias que está cayendo, ¿Sentís los cómicos una mayor responsabilidad por hacer reír a la gente?

R. Yo, desde luego, no. Lo mío es más sencillo: la gente viene a verme y cuento lo que pienso y lo que siento de una manera en la que se rían. Hablo con verdad de lo que ocurre y eso el público lo agradece.

P. ¿Son buenos tiempos para la comedia?

R. El trabajo nos ha descendido, como a todos los españoles. Atrás han quedado las temporadas que hacíamos doscientas cincuenta actuaciones al año. Ahora vivo menos en la carretera y eso me permite hacer otras cosas. No me quejo.

P. Aparte de cómico eres escritor. En junio sale tu nuevo libro de poesía “La nostalgia del guepardo”. Háblanos sobre esta faceta tuya más desconocida…

R. Siempre he escrito poesía, nunca relato o prosa. Luego llegó el Stand up que es muy parecido porque trabajas por líneas, que es lo más parecido a trabajar con versos.

Suelo tener durante meses un poema en la cabeza que realmente me obsesiona, lo acabo y surge otro. Un coñazo, vamos. De ahí salen mis libros.

P. En uno de tus monólogos hablas del antirromanticismo pero, en cambio, eres todo un poeta, ¿Cómo es el verdadero Quique?

R. No creo que sea el típico “afectado” que escribe poesía ni el típico graciosillo que hace comedia. Ahora mismo me parece interesante lo que se cuece en torno al amor y el anti amor: la lealtad, la pasión, la seducción, el cariño… pero también los juegos de poder, las mezquindades, la infidelidad, las inseguridades, los complejos, etc.

P. ¿Cuáles son tus proyectos más inmediatos?

R. Antes de verano debería tener grabado la segunda parte de mi monólogo  “Antirromanticismo” para Paramount Comedy y casi acabado un manual sobre Comedia. Lo demás, no se puede decir…

Por Marta Martínez (@MartaMtnez)

Crítica teatral: “Dos hombre solos,sin punto com… ni ná”

Dos hombres ¿Solos?

Del 26 al 29 de abril el Teatro Flumen acoge la función “Dos hombres solos, sin punto com… ni ná”.

Cartel de la obra. Fuente: Teatro Flumen

La obra nos muestra un día cualquiera en la vida de dos peculiares amigos andaluces que comparten piso. Uno de ellos es Manolo, amo de casa que ronda los cincuenta y homosexual no reconocido. Su compañero, de piso y solo de piso a pesar de lo que se rumorea por el vecindario, es Rodrigo Ponce, un heterosexual “muy macho” que trata por todos los medios de que su amigo saque su vena más masculina para evitar que los relacionen sentimentalmente en el barrio.

Los actores, andaluces por los cuatro costados, dominan a la perfección el arte del humor y de la improvisación logrando sacar una carcajada constante al espectador, quien desde su butaca, se siente uno más de la escena representada. El punto de inflexión de esta obra cómica monologada se da cuando Manolo mira hacia platea y se da cuenta de que el salón de su casa se ha llenado de gente. Parece ser que los dos hombres no estaban tan solos como así se nos hacía creer con el título de la obra. Es en este momento cuando la participación y la interacción con el público cobra un sentido real. Los protagonistas, como buenos anfitriones, acogen al público y consiguen que éstos se sientan como en casa, tanto que algún espectador tiene la suerte o desgracia de formar parte de la obra por unos minutos participando en la propia escena, entrando al mismísimo salón. A partir de este momento, la obra toma una dirección totalmente nueva donde el espectador puede disfrutar de cada uno de los protagonistas en su faceta de monologuistas. Cabe decir que ambos, cada uno en su estilo, están soberbios.

Los temas tratados, como no podían ser otros, giran en torno a la amistad, el amor, la homosexualidad, la heterosexualidad y el sobrepeso, este último reservado única y exclusivamente a Don Manolo Medina, quién demuestra ser muy grande y no solo en cuanto a kilos se refiere.

Con grandes dosis de humor y muy poca vergüenza, los actores se desnudan (interpretativamente hablando) y sacan a relucir ese arte tan andaluz que les caracteriza. Los espectadores que decidan hacer una visita a sus nuevos vecinos de la calle Gregorio Gea han de estar preparados para las casi tres horas de mucha risa que les espera por delante para no acabar con las mandíbulas desencajadas. Viendo la obra no es de extrañar que lleve ya diez años en cartel recorriendo las principales ciudades españolas con ese sentido del  humor que nunca pasa de moda. En definitiva, todo aquel que quiera pasar un rato agradable, en familia y que no le importe reírse hasta de su propia sombra tiene una cita con dos andaluces afincados en Valencia hasta el próximo domingo. Pasen, acomódense, disfruten  y rían, sobre todo, rían.

Por Marta Martínez (@MartaMtnez)

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